Iconografia  

Las actuales imágenes de Ntra. Sra. de las Angustias y de Su Divino Hijo son obra del insigne imaginero granadino D. Domingo Sánchez Mesa (q.e.p.d.), siendo bendecidas el 29 de marzo de 1952. Hubieron de ser restauradas en 1987 por D. Fernando Gil (q.e.p.d.).

Iconográficamente representan el tema de la Virgen de la Piedad, representación bastante sentida y entrañable en el fervor popular. Tras el descendimiento de la Cruz, los Santos Varones depositaron el cuerpo de Cristo en el regazo de su Madre. Momento patético que, en inevitable contraste, evoca los días felices en que la Virgen acunaba entre sus brazos al pequeño Jesús.

El tema, tan maternal, de la Virgen de la Piedad o de las Angustias surge en torno a la mística realista de hacia 1300. El arte gótico germano-francés, al crear este modelo iconográfico, compendió todas las angustias de María en la contemplación del cuerpo difunto de Jesús durante el tiempo que lo tuvo entre sus brazos.

Según la tendencia más generalizada, las angustias que afligieron a María durante la Pasión de Cristo fueron siete, a saber:

  • cuando lo vio crucificar;
  • durante su terrible agonía;
  • al verlo expirar;
  • al presenciar el golpe de la lanzada;
  • en el descendimiento de la Cruz;
  • al tenerlo después muerto en sus brazos;
  • en el acto de depositarlo en el sepulcro.

En consecuencia, la creación iconográfica que nos ocupa presenta a la Madre que expone al Hijo martirizado, requiriendo compasión y piedad en su angustia. El modelo iconográfico, según la época, junta sus manos adorando a su Divino Hijo, o abraza el cadáver ensangrentado del Redentor, sirviéndole de sudario. A veces, el cuerpo resbala hasta el suelo, imprimiendo un mayor dramatismo la actitud de la cabeza apoyada en las rodillas maternas y la laxitud cadavérica de brazos y piernas.

Centrándonos ya en Nuestra Sagrada Titular, podemos decir que nos encontramos ante una imagen de vestir, con cabeza, manos y pies tallados y policromados, teniendo también devastadas las piernas. En cuanto a su policromía, está realizada a base de tonos pálidos y marfileños que contrastan con la tonalidad ligeramente más oscura utilizada para el Cristo.

Se trata de una imagen sedente, con la pierna izquierda más retrasada que la derecha y con el tronco y la cabeza levemente inclinados hacia delante y la derecha, en ademán de socorrer a Su Hijo. El pie derecho se apoya sobre una pequeña roca y la mano derecha abraza por la espalda al Cuerpo del Redentor, mientras que su mano izquierda sujeta a la del Cristo, aunque pudiéramos decir que prácticamente la acaricia.

La expresión del rostro de Ntra. Sra. es del más puro dolor sublimado y plena angustia, pero no exteriorizados, sino expresados de forma íntima, rasgo típico de la escuela imaginera granadina a la que debemos adscribir esta imagen.


Este grupo escultórico es un ejemplo más de que su autor, D. Domingo Sánchez Mesa (q.e.p.d.), bebió de las fuentes escultóricas de la ciudad de la Alhambra, tanto del Barroco como del Renacimiento.

La cara de la Virgen la recorren cinco lágrimas de cristal, tres en la mejilla derecha y dos en la izquierda. Su boca está cerrada.

La imagen del Cristo, por su parte, está realizada en madera policromada. Como señalamos anteriormente, su policromía es algo más oscura que la de la Stma. Virgen.

Destaca esta escultura por un perfecto estudio anatómico, con los rasgos característicos posteriores a la muerte, depositándose el Divino Cuerpo en el regazo de Su Madre en un escorzo atrevido, con todo el peso desplomado sobre las piernas de Ntra. Sra. El brazo derecho cae directamente hacia el suelo, mientras que el izquierdo es recogido por la Madre. La cabeza, como consecuencia natural de la posición del cuerpo, cae hacia detrás, dejando ver perfectamente la faz patética del Cristo muerto.

Además, esta imagen lleva las señales propias de la Pasión, como son las heridas producidas por los clavos, corona de espinas y lanzada. El sudario cubre toda la zona púbica, no contando con ninguna cuerda ni nudo que lo sujete, aunque sí con un recogido en la parte delantera. Se caracteriza esta “pureza” por el gran número de pliegues que lo componen, confluyendo todos ellos en la parte delantera superior del mismo.

En general, la composición escultórica es bastante clásica, dentro de la tipología tradicional de la Virgen de las Angustias o de la Piedad. Así, se puede inscribir dentro de un triángulo perfecto, cuyos vértices serían la cabeza de la Stma. Virgen y el brazo derecho y los pies del Cristo. No obstante, podemos señalar un acertado dinamismo impreso por el escultor en la imagen del Cristo, diferenciándose así este grupo escultórico de otras imágenes que representan el mismo pasaje, en las que se aprecia una total rigidez de la imagen cristífera, al disponerse el cuerpo de Jesús completamente paralelo al suelo y sobre el regazo de la Virgen, mientras que las piernas conforman con el cuerpo un ángulo recto, así se puede ver, verbi gratia, en las dos titulares de esta Cofradía anteriores a la actual.

“…Qué os diré…de ese grupo escultórico donde la Virgen nos muestra al Hijo muerto, descendiendo de la Cruz, valorando su estudio anatómico con ese escorzo forzado que por el peso de su cuerpo muerto, se acomoda sobre el regazo de la Virgen. Estoy convencido de que esas imágenes, que para vuestra Semana Santa os he hecho, son y serán fuertes pilares de contención para la religiosidad de ese noble pueblo de Vélez-Málaga…”


Domingo Sánchez Mesa,
1978. Granada

Sabías que...

Luce el fajín de Generalato que en 1971 le ofrendó el Excmo. Sr. General Subinspector de la Legión D. Julio de la Torre Galán.


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